Cuando la micro va
demasiado llena como para no poder sacar un libro, me suelo entretener
observando cosas. Supongo que todo el mundo lo hace en mayor o menor medida.
Esos tiempos de
observación acompañados de procesos mentales delirantes que suelen surgir del
tedio del viaje, muchas veces me sirven para darme cuenta de cómo va cambiando
mi entorno y, sobre todo, como he ido cambiando yo.
En general puedo
decir que me he vuelto una persona menos tolerante, pero desmenuzando
concienzudamente los detalles del fenómeno, he llegado a la conclusión que no
soy un caso aislado si no que es más que un desarrollo normal de la gran
mayoría de los individuos de esta sociedad.
En resumen, me he
dado cuenta que me estoy volviendo un viejo de mierda más.
El gran descubrimiento
vino hace unos meses atrás.
Por equis motivo me
topé muy seguido en la micro con un cabro de unos 20 o 22 años que resaltaba
particularmente de toda la masa gris que éramos el resto: su atuendo era hip
hopero.
En realidad era el
contexto el que lo hacía especial, ya que cabros vestidos de rapero hay en
todos lados…pero igual es raro ver uno camino a Vitacura (de hecho, se bajaba
después que yo de la micro).
Es bastante alto y
maceteado, sobre 1.85 m, y de tez extremadamente blanca….pero lo que realmente
lo hacía resaltar era el notable afro que usaba. ¿Nunca vieron los monos
animados de los globe trotters? Es un afro descomunal.
Un blanco con afro…
¡raro pues!
Supongo que era
algo así como un cuico-flyte-getto.
Me lo topé bastante
seguido, lo que no es raro pues mi pega es rutinaria y supongo que debe
coincidir con la rutina de un montón de gente que no he notado aun.
De hecho, en 8º
básico estaba perdidamente enamorado de una niña que tomaba la micro de vuelta
del colegio a la misma hora que yo todos los días. Fueron muchos los
quebraderos de cabeza decidiendo si me acercaba a hablarle o no hasta que un
día no la vi más.
Pero me estoy
desviando del tema principal.
Recuerdo que mi
primer pensamiento acerca del hiphopero fue algo como “la pinta del huevón” o
“el huevón posero” o “con esa pinta, seguro no le trabaja un minuto a nadie,
pendejo cuico hijito de mamá” o algo por
el estilo.
No recuerdo bien
cual fue el pensamiento exacto, hay gran probabilidad de que fueran todos. Pero
sí recuerdo que era algo negativo.
Después de
topármelo varias veces, un día él venía acompañado de otro joven de apariencia
“normal”, como quedaron parados cerca mío no pude evitar escuchar la
conversación (bueno….y además soy copuchento, ¿y qué?) y esta trataba casi en
su totalidad de el cabro normal alabando las cualidades graffiteras de Afroboy.
Al parecer mi
compañero forzado de viajes es una suerte de eminencia y goza de cierta fama en
el mundo del graffiti.
Era como chistosa
la conversación porque niñonormal se dedico casi todo el viaje a interrogar a
Afro acerca de técnicas y como lograba efectos y cosas así, y el otro sin hacer
mayor ostentación de la infladura de ego que seguramente una situación así debe
provocar, respondía pacientemente.
Destaco dos frases
escogidas que me llamaron fuertemente la atención:
Una en la que Afro
le explicaba que muchas cosas que hacía las había aprendido de manera
autodidacta trabajando en una plancha grande de madera en el patio de su casa y
que cuando algo no le gustaba como quedaba, lo “borraba con pintura y luego
volvía a empezar. Una y otra vez. Que lo importante era no tener miedo a
experimentar”
Y la otra:
A veces en la calle
buscando una muralla encontraba alguna que ya estaba rayada con algún dibujo
pobre, super charcha, pero que se notaba que había sido hecho con esfuerzo y
sobre todo que era original. Entonces esos los dejaba porque lo entendía como
una suerte de aprendizaje de quién lo había pintado.
En cambio había
otros que rayaban por rayar cualquier cosa, sin un mensaje, o que eran
claramente una copia de algún estilo, y esos si los tapaba.
No soy un lego en
el tema de los graffiti y la verdad no es un arte que me llame mayormente la
atención más que como espectador casual.
Pero, por esas cosas
de la vida, y esta vez sí siendo una gran coincidencia, caminando por Sergio
Livingstone hacía Recoleta, me tope ni más ni menos que con Afro pintando una
muralla cercana al psiquiátrico.
Resulta que los
murales que siempre había visto y que encontraba simpáticos y súper bien hechos (Uno en que salían Blanka y Honda
de Street Fighter) fueron hechos por él, y ahora estaba haciendo otros que
también se veían la raja.
Resulta que el
cabro, que había denostado mentalmente sólo por su facha, era bastante clever en
su filosofía y, no sólo eso, talentoso y esforzado en lo que hacía.
Me di cuenta que,
tal y como la mayoría de la masa que critico, también soy un huevón súper penca
que discrimina por el sólo hecho de ver a alguien distinto.
Haciendo el
ejercicio inverso ¿Qué habrá pensado él de mí?
-Pobre huevón de
camisa y corbata en su rutina diaria.
Y no se hubiera
equivocado mucho quizá.
Pero lo peor y más
triste de todo es que ni siquiera me debe haber notado.
Yendo a la pega yo
sí que soy uno más en la masa gris.
Así que ahora,
cuando la micro va demasiado llena como para no poder sacar un libro, me dedico a tratar
de mirar con otros ojos, a no prejuzgar si no que a descubrir singularidades.
Trato de ser un poco menos viejo de mierda o, al menos, retrasar lo más que
pueda el proceso.
Me doy cuenta qué,
al igual que tú o yo, todos tenemos una historia atrás.
Esta puede ser más
o menos interesante pero, de ves en cuando, nos podemos llevar grandes sorpresas con ellas.
Seríamos una mucho
mejor sociedad si no nos descalificáramos por ser diferentes en nuestros
gustos, nuestros físicos, nuestras maneras de vestir o nuestras maneras de
pensar.
El otro día leí que
la clave está en pensar en que uno es un oso panda: ¡negro, blanco, asiático y gordito!
Así que, supongo
que la lección de todo esto es que debo tomar conciencia y detener ese proceso
de volverme alguien intolerante.
Eso y que debería
haberle hablado a la mina de la micro en octavo básico.
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ITEM!!!! ¿Qué comic/manga
estoy leyendo por estos días?
Locke & Key, que es un comic
creado por Joe Hill (hijo de Stephen King) y Gabriel Rodríguez, dibujante
chileno. Han sacado ya 5 miniseries de notable calidad.
Hace poco fue
editada la versión en español por la editorial Arcano IV pero, si me preguntan,
mejor encargar por Amazon la versión gringa de tapa dura y no tener que mamarse
el “lost in traslation”. http://en.wikipedia.org/wiki/Locke_%26_Key
Estoy leyendo también “Monster” un
manga de Naoki Urasawa, ganador de múltiples premios en Japón y también creador
de 20th Century Boys (a mi humilde juicio, el mejor manga que he leído y que me
he comprado casi entero, faltan sólo los dos últimos tomos que aun no han sido
editados en inglés), serie la cual los gringos recién descubrieron hace unos
años y la han nominado todos los últimos años a los premios Eisner.
Tanto esta como Monster la pueden
leer desde esta página:



