El día de ayer, un día
en que el “(fuckin’) love was in the air” obviamente dio para análisis
personales.
El primero fue qué, por
primera vez desde el 2002 lo pasé “solo”. Técnicamente ese año estaba
pololeando con una niña X que andaba de vacaciones para la fecha, peeeeero que
me pateó el primer día de vuelta de su viaje…pero esa es otra historia.
El tema es que,
rememorando, lo cuento como el último día de “Sin Valentín” que había pasado
hasta este.
El otro análisis fue
que, a pesar de que al momento de estar emparejado siempre viví el discurso de “fecha
de mierda comercial” o el también usado “yo te amo todos los días del año”…esa
era una opción propia de “no celebración” (todos lo sabemos: igual era
infaltable la rosa o el chocolatito para salir del paso) al momento de estar
solo igual te huevea la psique la fechita de mierda.
No sé si va más por uno
o todo ese amor empalagoso que anda en el ambiente y que, al igual que la farándula
que bombardea mediáticamente todas las portadas de los diarios de los quioscos
que ves, hace imposible abstraerse del tema aunque quieras hacerlo con todas
tus fuerzas.
El asunto es que,
habiendo pasado ya algunas etapas ineludibles como la autodestrucción y la, más
reciente, destrucción: el sufrir el mal y también realizarlo, me pregunto
cuanto he avanzado en el camino y si, en algún momento, este camino tiene fin.
En otras palabras si mi
yo roto alguna vez se va a reparar.
Para que estamos con
cosas, yo creo que sí. Pero resulta que estos días como los de ayer hacen que
ese punto se vea más lejano.
Bajo el mismo concepto
el otro día me topé con el arte milenario del kintsugi (“carpintería del oro”) ,
el arte japonés de reparar con resina y polvo de oro una pieza rota, otorgándole
más valor por este hecho que el que tenía originalmente.
El concepto me pareció
maravilloso: algo que se rompe y que mediante la técnica adecuada, vuelve a ser
funcional y no sólo eso, si no que más bello y apreciado.
Algo sacado de una
cultura y un tiempo en que lo que se rompía no era desechado, si no reparado.
Un tiempo en que no todo era pasajero y lo que tenías era tan preciado que debías
ingeniártelas para poder mantenerlo o repararlo en caso de que se “echara a
perder”.
Pero, por sobre todo, el hecho de que el "haberse roto" no implique un obstáculo, si no una oportunidad para volverse mejor.
Pero, por sobre todo, el hecho de que el "haberse roto" no implique un obstáculo, si no una oportunidad para volverse mejor.
¿Existirá esa técnica
para el alma humana?
Supongo que sí, pero es
tan compleja que no puede ser estandarizada ni secuenciada de manera alguna.
Somos tan distintos que el camino debe ser hecho y recorrido al mismo tiempo por cada uno.
Somos tan distintos que el camino debe ser hecho y recorrido al mismo tiempo por cada uno.
La duda que me llegó en
el dichoso día de ayer es ¿lleva mi camino a ser una pieza de kintsugi?
Me parece que
últimamente no.
Pero creo que también
de los errores se aprende y que, en la mayoría de los casos, teniendo el tiempo
suficiente, todos los caminos pueden ser desandados y enmendados.
Quizá sea ese el factor
clave: el tiempo.
Porque en este caso,
obviamente, no todos los caminos conducen a Roma.
Y Roma me parece un buen destino.
Por lo menos, en este momento, mucho mejor que Paris...la (fuckin´) ciudad del amor.
Y Roma me parece un buen destino.
Por lo menos, en este momento, mucho mejor que Paris...la (fuckin´) ciudad del amor.


