Cuando me siento en este sillón y, distendidamente echo mi cabeza atrás, no puedo dejar de pensar en lo afortunado que soy.
La paz, la tranquilidad que ahora siento es sólo gracias a ti.
La felicidad que se ha construido paso a paso es la que me impulsa y hace querer dar el ancho.
Nadie nunca, nunca, me ha impulsado como tú a tratar de ser lo que alguna vez creía que podía ser....pero por sobre todo, lo que me llama la atención es que nadie jamás me había hecho pensar en dónde está el límite...
Creo que, contigo, no lo hay.
Porque como tú no hay nadie.
Nuestra misión es seguir adelante.
Porque hay un mundo aun por conquistar.


