
Y finalmente comenzó el transantiago.
Y se fueron para siempre las micros mutantes amarillas y con ellas mi eterno recorrido 227.
Desde que las amarillas reemplazaron las discotheques ambulantes que había antes (como olvidar la tobalaba 18a, la catedral 7 o las bernardo o’higgins 1H y 1G) la 227 me trajo fielmente a mi casa.
Desde los tiempos en que estaba en el instituto por allá por el año ’92 la esperaba sagradamente todos los días con tal de, pajeramente, no tener que caminar unas cuadras de más (me dejaba a una sola cuadra de mi casa).
Inolvidable cuando tuve que hacer una mesa para “técnicas especiales” (creo que se me cayó el carné) y la traje care’raja como a las 19:30 en la micro llena de gente que miraba con cara de “puta el hueón hueón!”. Todavía no sé cómo lo hice, pero la huevada llegó entera…para después destruirla aquí porque nunca sirvió para nada. La hice cagar a patadas en el patio y cuando terminé me puse a pensar: “chucha…¿y para que me la traje?”.
Pavo!.
Me acuerdo cuando me quedaba dormido y despertaba en la academia de guerra, y había que esperar que la micro bajara, ya que hacia circunvalación y no tenía paradero por allá arriba…pero bajaba por otro lado completamente distinto… así que había que bajarse y caminar cuando te pasabas.
Por supuesto haciendo esa mula que uno hace cuando se queda dormido y cacha que se paso en la micro: se despierta tranquilito, se para lentamente haciéndose el huevón como diciendo “no vayan a pensar que me pasé, ah!”, tocando el timbre tranquilamente y cuando te bajabas hasta caminabas en la misma dirección de la micro unos pasos hasta que esta partía y se perdía a lo lejos.
Todo con tal de no pasar por el pobre weon que se quedó dormido en la micro.
Pavo!.
O cuando me gustó por años esa niña que se iba en ese recorrido a la misma hora que yo y no sabía si hablarle o no… inventaba juegos de azar para desviar tamaña responsabilidad que significaba la elección de conversarle: si miraba una casa y tenía número impar le hablaba…si tenía par, no.
Fue ahí cuando descubrí que las calles tienen los números impares a un lado y los pares a otro. El juego se declaró viciado y al final nunca me acerque a conversar con la niña.
Finalmente un día ya no la vi más.
Pavo!.
Y a lo largo de todos los años la 227 me trajo a casa, era el recorrido regalón, pero odiado porque tenía unos horarios muy desgraciados…dejaba de pasar como a las 22 así que después no quedaba más que caminar.
Pero ahora ya no está… sencillamente no va a pasar nunca más. Lo más cercano que hay ahora es la D02 que sube por Simón Bolívar.
La gente reclama por los cambios que estamos viviendo, pero a los que nos toco vivir el de las micros de colores a las amarillas nos podemos acordar que en ese tiempo también quedó la cagada…la gente alegaba que sus recorridos habían desaparecido, que todas las micros eran iguales y no se podía distinguir una de otra, etc, etc, etc.
Quizá esta vez el cambio es más traumático aun porque es mucho más radical que aquella, aunque han vuelto las micros de colores, la vida es un ciclo al parecer…jajaja.
Al final todos estos cambios no contemplan mucho la personalidad del chileno, son copias de países extranjeros que a su vez lo copiaron de países europeos y cómo que nadie se pega la cachada de que hay realidades sociales que no van a cambiar.
El chileno siempre va a querer hacer suyo el espacio que ocupa, por eso las micros amarillas terminaron como discoteques ambulantes tal y como paso con las antiguas de colores. El chileno siempre va a querer avivarse y no pagar o pagar menos de lo que se debe.
Hasta ahora no me ha tocado ver la cara desagradable del transantiago, he tenido que movilizarme sólo a la pega pero en horarios que no son peak. El mapa es fácil de entender si cambias tu mentalidad y te das cuenta que si haces recorridos largos VAS A TENER QUE TOMAR EL METRO, que se acabo la pura micro que te llevaba desde tú casa a tú destino.
Las micros que pasan por mi casa (salvo quizá la troncal 403) tampoco se llenan mucho y pasan a una frecuencia más o menos aceptable.
Pero ha sido sólo suerte
Allá afuera hay otra realidad. Pasé por plaza Egaña y era increíble ver la cantidad de gente que se abalanzaba sobre uno de los buses, la gente reducida a instintos primarios de supervivencia…o en este caso, el instinto de llegar a su casa.
El metro con sus vagones de carne humana… cualquier analogía a mataderos y camiones de transporte de ganado está demás supongo.
Hasta ahora lo que más claro ha quedado es que el transantiago muestra una realidad que todos sabíamos pero que nunca hasta ahora se había visto con tanta claridad:
La realidad de la clase media que no tiene auto exacerbada. En países como Perú y Bolivia, el transporte público de micros es sólo para la clase baja, aquí en chile cualquier hijo de vecino toma micro…sin embargo ahora más que nunca se ve la diferenciación social…si usted es pobre y no tiene auto…entonces aguántese y viaje como pueda (como los rotos!).
Quizá es un poco ruda esta manera de pensar, y quizá con el tiempo mejore la situación. La dura que espero que si porque la idea en general parece buena, si no se aplica a medias como siempre hacemos y si el resto ponemos un poquito de nuestra parte y no se critica por criticar.
Pero por mientras, lo único que puedo notar es la ironía de la frase promocional de los buses nuevos: “este es el transporte que usted se merece, cuídelo”.
¿Y que chucha hizo la pobre gente para merecer esto?
Y se fueron para siempre las micros mutantes amarillas y con ellas mi eterno recorrido 227.
Desde que las amarillas reemplazaron las discotheques ambulantes que había antes (como olvidar la tobalaba 18a, la catedral 7 o las bernardo o’higgins 1H y 1G) la 227 me trajo fielmente a mi casa.
Desde los tiempos en que estaba en el instituto por allá por el año ’92 la esperaba sagradamente todos los días con tal de, pajeramente, no tener que caminar unas cuadras de más (me dejaba a una sola cuadra de mi casa).
Inolvidable cuando tuve que hacer una mesa para “técnicas especiales” (creo que se me cayó el carné) y la traje care’raja como a las 19:30 en la micro llena de gente que miraba con cara de “puta el hueón hueón!”. Todavía no sé cómo lo hice, pero la huevada llegó entera…para después destruirla aquí porque nunca sirvió para nada. La hice cagar a patadas en el patio y cuando terminé me puse a pensar: “chucha…¿y para que me la traje?”.
Pavo!.
Me acuerdo cuando me quedaba dormido y despertaba en la academia de guerra, y había que esperar que la micro bajara, ya que hacia circunvalación y no tenía paradero por allá arriba…pero bajaba por otro lado completamente distinto… así que había que bajarse y caminar cuando te pasabas.
Por supuesto haciendo esa mula que uno hace cuando se queda dormido y cacha que se paso en la micro: se despierta tranquilito, se para lentamente haciéndose el huevón como diciendo “no vayan a pensar que me pasé, ah!”, tocando el timbre tranquilamente y cuando te bajabas hasta caminabas en la misma dirección de la micro unos pasos hasta que esta partía y se perdía a lo lejos.
Todo con tal de no pasar por el pobre weon que se quedó dormido en la micro.
Pavo!.
O cuando me gustó por años esa niña que se iba en ese recorrido a la misma hora que yo y no sabía si hablarle o no… inventaba juegos de azar para desviar tamaña responsabilidad que significaba la elección de conversarle: si miraba una casa y tenía número impar le hablaba…si tenía par, no.
Fue ahí cuando descubrí que las calles tienen los números impares a un lado y los pares a otro. El juego se declaró viciado y al final nunca me acerque a conversar con la niña.
Finalmente un día ya no la vi más.
Pavo!.
Y a lo largo de todos los años la 227 me trajo a casa, era el recorrido regalón, pero odiado porque tenía unos horarios muy desgraciados…dejaba de pasar como a las 22 así que después no quedaba más que caminar.
Pero ahora ya no está… sencillamente no va a pasar nunca más. Lo más cercano que hay ahora es la D02 que sube por Simón Bolívar.
La gente reclama por los cambios que estamos viviendo, pero a los que nos toco vivir el de las micros de colores a las amarillas nos podemos acordar que en ese tiempo también quedó la cagada…la gente alegaba que sus recorridos habían desaparecido, que todas las micros eran iguales y no se podía distinguir una de otra, etc, etc, etc.
Quizá esta vez el cambio es más traumático aun porque es mucho más radical que aquella, aunque han vuelto las micros de colores, la vida es un ciclo al parecer…jajaja.
Al final todos estos cambios no contemplan mucho la personalidad del chileno, son copias de países extranjeros que a su vez lo copiaron de países europeos y cómo que nadie se pega la cachada de que hay realidades sociales que no van a cambiar.
El chileno siempre va a querer hacer suyo el espacio que ocupa, por eso las micros amarillas terminaron como discoteques ambulantes tal y como paso con las antiguas de colores. El chileno siempre va a querer avivarse y no pagar o pagar menos de lo que se debe.
Hasta ahora no me ha tocado ver la cara desagradable del transantiago, he tenido que movilizarme sólo a la pega pero en horarios que no son peak. El mapa es fácil de entender si cambias tu mentalidad y te das cuenta que si haces recorridos largos VAS A TENER QUE TOMAR EL METRO, que se acabo la pura micro que te llevaba desde tú casa a tú destino.
Las micros que pasan por mi casa (salvo quizá la troncal 403) tampoco se llenan mucho y pasan a una frecuencia más o menos aceptable.
Pero ha sido sólo suerte
Allá afuera hay otra realidad. Pasé por plaza Egaña y era increíble ver la cantidad de gente que se abalanzaba sobre uno de los buses, la gente reducida a instintos primarios de supervivencia…o en este caso, el instinto de llegar a su casa.
El metro con sus vagones de carne humana… cualquier analogía a mataderos y camiones de transporte de ganado está demás supongo.
Hasta ahora lo que más claro ha quedado es que el transantiago muestra una realidad que todos sabíamos pero que nunca hasta ahora se había visto con tanta claridad:
La realidad de la clase media que no tiene auto exacerbada. En países como Perú y Bolivia, el transporte público de micros es sólo para la clase baja, aquí en chile cualquier hijo de vecino toma micro…sin embargo ahora más que nunca se ve la diferenciación social…si usted es pobre y no tiene auto…entonces aguántese y viaje como pueda (como los rotos!).
Quizá es un poco ruda esta manera de pensar, y quizá con el tiempo mejore la situación. La dura que espero que si porque la idea en general parece buena, si no se aplica a medias como siempre hacemos y si el resto ponemos un poquito de nuestra parte y no se critica por criticar.
Pero por mientras, lo único que puedo notar es la ironía de la frase promocional de los buses nuevos: “este es el transporte que usted se merece, cuídelo”.
¿Y que chucha hizo la pobre gente para merecer esto?
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ITEM!!! La mayoría de la gente piensa que el "smile" que puse es originario de la pelicula "evolución".ERROR! El smile de tres ojos viene del comic de la DC "TRANSMETROPOLITAN", quizá uno de los mejores que ha salido en el último tiempo. El protagonista es SPIDER JERUSALEM, un weon tan seco que hasta te hace olvidar que es periodista y la hace parecer una carrera decente.
Son sólo 60 números. Excelentes todos.
ITEM!!! Fiona Apple no es ningún descubrimiento, la mina es seca y sé de harta gente que le gusta su música... cómo soy un huevón ecléctico también me gusta su estilo.
El disco "Extraordinary Machine" es a mi gusto el mejor.
Ojo con la primera canción "Not about love" que se manda pedazos de frases cómo "this is not a bad love...because i´m not in love!!!"...especial para días cómo hoy.


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