Cada cierto tiempo me baja está necesidad irrefrenable de
escribir aquí.
Las duras matemáticas y la lógica que tanto me gusta citar
refriegan números y conclusiones decidoras al respecto: poco más de mil visitas
en 8 años. Si descontamos las casi 80 “entradas” (posteos , oh queridísimos lectores)
que he hecho son prácticamente mil
visitas justas.
125 visitas anuales. Una cada 3 días casi…me voy a dar el
lujo de aproximar. Por favor concédanmelo. O concédemelo….dadas las estadísticas
también es una opción. Bastante escalofriante por lo cierto. (Si eres una sola
persona: gracias, pero no me mates, ¡por favor!)
Supongo que esas veces que entro aquí son porque me
encuentro “inquieto”. No es difícil entender patrones al respecto: mayormente
he escrito cuando he estado confundido o mal. Eso explica los años de pocas “entradas”
y los años de muchas.
También todos aquellos cuadernos adolescentes llenos de
palabras escritas a mano (tampoco le pongamos mucho…deben ser como 400 páginas no
más….la adolescencia da para mucho más) y que, difícilmente, serán transcritas aquí
alguna vez.
Siempre he visto esto como una ventana y un ejercicio a la
vez: una manera de saciar un ego gigante de manera chistosa, un exhibicionismo consciente,
pero también a veces un grito desesperado de ayuda en momentos difíciles.
Ahora, encaminándome derechamente a las cuatro décadas de
vida, me parece que sería bueno que todo esto que escribo hace casi 25 años
debería servir de algo.
Pero a la vez me doy cuenta que no puede ser así como así.
Que eso involucra un aprendizaje que no he hecho metódicamente y que si quiero consolidar, involucra tiempo
para aprender de otros (¡modestia! ¡Eso es nuevo!) y leer cosas que nunca me han llamado la atención…sólo
por el hecho de aprender. De descubrir que no sabes nada al final. O, quizá,
que lo que sabes, siempre se hace poco cuando quieres hacer algo bien.
Hay historias que contar.
Quizá acerca de la pareja oculta de Dios que quiere su justo
lugar.
O de dimensiones planas que intersectan cuando caen unas
sobre otras aleatoriamente.
O de alguien con el poder de decidir que luz se apaga en el mundo entero. Pero no
es consciente de los efectos que eso pueda acarrear.
Hay ideas. ¿habrá herramientas?
Por lo pronto, mis “entradas” ya no serán por estados
anímicos: en este momento soy afortunado. Mucho.
Pero la suerte es una perra efímera y lo único seguro es que
me falta talento.
Hay que trabajar en eso.



No hay comentarios:
Publicar un comentario