
A ella siempre le gustó la naturaleza pero, lejos, lo que mas amaba eran los pájaros.
Eran sinónimo de libertad, esas alas los llevaban a todas partes, eso era vida.
Al principio le gustaban las palomas, vivía metida en la plaza…pero una vez leyó un cuento sobre una paloma mentirosa y nunca se pudo sacar esa imagen de la cabeza.
Estuvo meses tramitando hasta que su madre aceptó tener esa jaula gigante en el patio interior, ese fue el día más feliz de su vida.
Era una jaula grandiosa, y dentro de ella había catorce o quince catas que ella amaba con todo su corazón. Al final la familia se acostumbró al ruido y al olor de los pájaros. Total, la niña era feliz.
Siempre tenían que regalar catas, durante la primavera no había control de natalidad aplicable sobre ellas. Pero la población se mantenía estable, su madre fue muy clara al respecto:
-No Catalina, quince animalitos como máximo…-
XXXXX
La primera cata que murió era la de pechito amarillo, ella no les ponía nombres pero las reconocía perfectamente.
Apareció torada frente a la puerta de la niña, totalmente muerta.
Ella corrió de inmediato hacia la jaula para ver cómo podría haber escapado, pero estaba perfectamente cerrada. Luego fue a la pieza de la abuela que era la más cercana al patio.
-¡Que bueno! Es bueno tener bichitos en la casa porque, cuando la muerte nos visita, siempre prefiere llevárselos a ellos…- dijo la abuela, y ella se extrañó.
Finalmente fue donde su madre a contarle lo sucedido:
-No te preocupes, ha de haber sido un gato- dijo ella.
Pero la respuesta no era convincente: ¿desde cuando habrían y cerraban jaulas los gatos?
XXXXX
Durante una semana murieron siete catas más, una por noche, y cada vez las apariciones de los cadáveres eran más extrañas y terroríficas.
La madre se empezó a preocupar, alguien estaba entrando a la casa, por el tejado quizá, que era la única vía de acceso al jardín interior y se lo comunicó a la familia.
Ella no paraba de llorar, sus catas estaban siendo ultimadas por un ser despiadado.
Pero muy en su interior, ella ya tenía un sospechoso: Su vecino Rodrigo, desde que terminaron se había vuelto muy desagradable y cruel. Él era el único capaz de pasarse por los tejados hasta el patio…de hecho siempre lo hacía cuando la madre de ella iba a sus fiestas.
Pero hubiera sido muy engorroso contarle a ella el motivo de sus sospechas…
XXXXX
Aun así pasaron cuatro noches más, junto con sus respectivas muertes de catas, para que ella se decidiera: iba a pasar la noche en vela en busca de algún sonido extraño.
Llegad ala noche se quedó mirando el techo a oscuras. Pasadas las horas le pareció escuchar un ruido, pero no sabía, ¡todo estaba tan callado! ¡Todo era tan silencioso sin el ruido de sus catas! Todo era tan monótono…
A la mañana siguiente su primera reacción al despertar fue de enojo por quedarse dormida…su segunda reacción fue de sorpresa y terror al ver a la catita muerta sobre su cubrecamas. Y su tercera reacción fue de determinación:
-¡esta noche me quedaré a dormir en el patio!-dijo.
Él no se saldría con la suya, iba a defender a su última cata hasta las últimas consecuencias.
XXXXX
Esa mañana la madre se levantó más temprano que de costumbre, tenía la boca seca y fue a buscar un vaso de agua. Desde la cocina miró hacia el patio y el vaso resbaló de sus dedos.
Corrió gritando hacia fuera despertando a toda la casa.
La niña estaba tendida dentro de la jaula en medio de un gran charco de sangre, seguramente se había tropezado cuando mientras caminaba sonámbula y al caer se había azotado la cabeza con gran fuerza.
En su regazo aun tenía a la última cata estrangulada con sus propias manos.
Eran sinónimo de libertad, esas alas los llevaban a todas partes, eso era vida.
Al principio le gustaban las palomas, vivía metida en la plaza…pero una vez leyó un cuento sobre una paloma mentirosa y nunca se pudo sacar esa imagen de la cabeza.
Estuvo meses tramitando hasta que su madre aceptó tener esa jaula gigante en el patio interior, ese fue el día más feliz de su vida.
Era una jaula grandiosa, y dentro de ella había catorce o quince catas que ella amaba con todo su corazón. Al final la familia se acostumbró al ruido y al olor de los pájaros. Total, la niña era feliz.
Siempre tenían que regalar catas, durante la primavera no había control de natalidad aplicable sobre ellas. Pero la población se mantenía estable, su madre fue muy clara al respecto:
-No Catalina, quince animalitos como máximo…-
XXXXX
La primera cata que murió era la de pechito amarillo, ella no les ponía nombres pero las reconocía perfectamente.
Apareció torada frente a la puerta de la niña, totalmente muerta.
Ella corrió de inmediato hacia la jaula para ver cómo podría haber escapado, pero estaba perfectamente cerrada. Luego fue a la pieza de la abuela que era la más cercana al patio.
-¡Que bueno! Es bueno tener bichitos en la casa porque, cuando la muerte nos visita, siempre prefiere llevárselos a ellos…- dijo la abuela, y ella se extrañó.
Finalmente fue donde su madre a contarle lo sucedido:
-No te preocupes, ha de haber sido un gato- dijo ella.
Pero la respuesta no era convincente: ¿desde cuando habrían y cerraban jaulas los gatos?
XXXXX
Durante una semana murieron siete catas más, una por noche, y cada vez las apariciones de los cadáveres eran más extrañas y terroríficas.
La madre se empezó a preocupar, alguien estaba entrando a la casa, por el tejado quizá, que era la única vía de acceso al jardín interior y se lo comunicó a la familia.
Ella no paraba de llorar, sus catas estaban siendo ultimadas por un ser despiadado.
Pero muy en su interior, ella ya tenía un sospechoso: Su vecino Rodrigo, desde que terminaron se había vuelto muy desagradable y cruel. Él era el único capaz de pasarse por los tejados hasta el patio…de hecho siempre lo hacía cuando la madre de ella iba a sus fiestas.
Pero hubiera sido muy engorroso contarle a ella el motivo de sus sospechas…
XXXXX
Aun así pasaron cuatro noches más, junto con sus respectivas muertes de catas, para que ella se decidiera: iba a pasar la noche en vela en busca de algún sonido extraño.
Llegad ala noche se quedó mirando el techo a oscuras. Pasadas las horas le pareció escuchar un ruido, pero no sabía, ¡todo estaba tan callado! ¡Todo era tan silencioso sin el ruido de sus catas! Todo era tan monótono…
A la mañana siguiente su primera reacción al despertar fue de enojo por quedarse dormida…su segunda reacción fue de sorpresa y terror al ver a la catita muerta sobre su cubrecamas. Y su tercera reacción fue de determinación:
-¡esta noche me quedaré a dormir en el patio!-dijo.
Él no se saldría con la suya, iba a defender a su última cata hasta las últimas consecuencias.
XXXXX
Esa mañana la madre se levantó más temprano que de costumbre, tenía la boca seca y fue a buscar un vaso de agua. Desde la cocina miró hacia el patio y el vaso resbaló de sus dedos.
Corrió gritando hacia fuera despertando a toda la casa.
La niña estaba tendida dentro de la jaula en medio de un gran charco de sangre, seguramente se había tropezado cuando mientras caminaba sonámbula y al caer se había azotado la cabeza con gran fuerza.
En su regazo aun tenía a la última cata estrangulada con sus propias manos.
Esa noche los había visitado la muerte, y no había ninguna mascota a la que llevarse.
27/09/1996


2 comentarios:
fuerte chiquillo...
y eso que eras una guagua cuando escribiste eso...
oye sorry si mis comentarios son medios dilexicos, pero estos pc gringos, con su teclado raro me vuelven loca...
un beso
exito
que bueno el cuento, pero el final me lo imagine mientras lo leia...
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