
Este fue el último cartagua, finalmente se acabo la vida de peter pan y los viajes alcohólicos a la playa.
Se debe llevar por lejos el premio al cartagua más cuático y tranquilo de todos.
Obviamente tuvo su buena cuota de alcohol…pero fue raro estar sentado cuatro horas mirando el mar, y tomándome sólo las últimas harboes que había guardado tanto tiempo.
Supongo que fue una especie de recapitulación de todos los cartaguas a los que fui a lo largo de los años. Al final al único que falte fue al de primer año porque pensaba que todos mis compañeros eran unos ahueonaos y no estaba ni ahí con compartir con ellos. Bueno, quizá eso no cambió mucho con el tiempo, salvo que sí se puede tomar unos copetes con ellos.
Son un montón los recuerdos que me dejan estos años, cómo cuando ofrecimos a un amigo en sacrificio dejándolo a merced de una compañera que lo quería con mayo. El pobre se murió porque nos tomamos una garrafa entera en el bus de ida.
Cómo olvidar al grupo del grillo, en la foto, los miles de cantos finitos repartidos en hojas de papel y las redadas de sillas en melipilla, las que después nos llevábamos a la playa.
Cómo olvidar las fotos con mi hermano desfigurado en las picadas de por ahí para que reanimara a fuerza de completos.
O cuando, desesperado por no tener como conseguirme certificado medico para faltar al laboratorio de botánica, fui cara de raja a hablar con Nadine y le dije “es que quiero ir a Cartagua”… me dejó ir sin ningún problema y lo pasé la raja, pero al día siguiente me humilló al momento de pasar lista y decir “ah! Usted es el de cartagua!”…
O esas noches después del paseo viendo las noticias y los especiales esperando con los dedos cruzados no aparecer enfocado por la hocicona camarita amiga.
Al final nunca me morí en Cartagena, pero siempre anduve dando unos jugos asquerosos por ahí, dando tumbos y tratando de bailar o hilar palabras con gente que nunca conocí ni volveré a ver. Las lagunas mentales y los joteos con variados resultados…algunos por los cuales hasta el día de hoy me cobran sentimientos y “deudas” que jamás se pagarán.
Por eso fue raro esta vez bajarse del bus y perderme para ir a sentarme frente al mar… fruto del mismo alcohol en la sangre que me hizo empezar a recordar todas estas cosas y que se pasaran esas cuatro horas como si nada existiera alrededor. Darme cuenta que se pasó la hora y partir caminando al bus (previa detención en la botillería) pensando en que el bus ya debería haber partido o me estaría esperando como el año anterior…y al momento de llegar darme cuanta que había como 5 personas más solamente.
Definitivamente fue una buena manera de terminar con las idas a Cartagena.
Se debe llevar por lejos el premio al cartagua más cuático y tranquilo de todos.
Obviamente tuvo su buena cuota de alcohol…pero fue raro estar sentado cuatro horas mirando el mar, y tomándome sólo las últimas harboes que había guardado tanto tiempo.
Supongo que fue una especie de recapitulación de todos los cartaguas a los que fui a lo largo de los años. Al final al único que falte fue al de primer año porque pensaba que todos mis compañeros eran unos ahueonaos y no estaba ni ahí con compartir con ellos. Bueno, quizá eso no cambió mucho con el tiempo, salvo que sí se puede tomar unos copetes con ellos.
Son un montón los recuerdos que me dejan estos años, cómo cuando ofrecimos a un amigo en sacrificio dejándolo a merced de una compañera que lo quería con mayo. El pobre se murió porque nos tomamos una garrafa entera en el bus de ida.
Cómo olvidar al grupo del grillo, en la foto, los miles de cantos finitos repartidos en hojas de papel y las redadas de sillas en melipilla, las que después nos llevábamos a la playa.
Cómo olvidar las fotos con mi hermano desfigurado en las picadas de por ahí para que reanimara a fuerza de completos.
O cuando, desesperado por no tener como conseguirme certificado medico para faltar al laboratorio de botánica, fui cara de raja a hablar con Nadine y le dije “es que quiero ir a Cartagua”… me dejó ir sin ningún problema y lo pasé la raja, pero al día siguiente me humilló al momento de pasar lista y decir “ah! Usted es el de cartagua!”…
O esas noches después del paseo viendo las noticias y los especiales esperando con los dedos cruzados no aparecer enfocado por la hocicona camarita amiga.
Al final nunca me morí en Cartagena, pero siempre anduve dando unos jugos asquerosos por ahí, dando tumbos y tratando de bailar o hilar palabras con gente que nunca conocí ni volveré a ver. Las lagunas mentales y los joteos con variados resultados…algunos por los cuales hasta el día de hoy me cobran sentimientos y “deudas” que jamás se pagarán.
Por eso fue raro esta vez bajarse del bus y perderme para ir a sentarme frente al mar… fruto del mismo alcohol en la sangre que me hizo empezar a recordar todas estas cosas y que se pasaran esas cuatro horas como si nada existiera alrededor. Darme cuenta que se pasó la hora y partir caminando al bus (previa detención en la botillería) pensando en que el bus ya debería haber partido o me estaría esperando como el año anterior…y al momento de llegar darme cuanta que había como 5 personas más solamente.
Definitivamente fue una buena manera de terminar con las idas a Cartagena.
Relajadamente y sólo, con unas latas de cerveza y el ruido de olas de fondo.
Cómo si nada más existiera alrededor...


1 comentario:
me hubiera gustado mucho ir, pero hay que trbajar!!!, a proposito, y no te enojes, pero te ves bien en la foto, aunq supongo q estabas borrachito, jijiji
besos
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