domingo, 22 de abril de 2007

Muerte




A veces no es que las cosas mueran. Lo que pasa es que se duermen, juntan fuerzas para despertar renovadas y siguen un ciclo difícil de comprender.

Por eso me gusta el otoño, parece ser una muerte disfrazada que nadie quiere o puede notar.
Tiende a una decadencia innata, que tienen las cosas cuando van desapareciendo.

Más que nunca espero que llueva. Quiero pasar horas acostado en mi pieza con las cortinas abiertas, viendo las gotas caer.
¿Por qué será que cuando uno imagina la lluvia nunca lo hace con truenos y relámpagos?

Cuando mi vida cese no sé muy bien que querré que hagan.
¿Ha de llamarme la atención estar en un cofre cerrado, tan cerca de la tierra mojada, sin poder olerla?

Eso que llaman alma, y que muchas veces dudo que exista, no se elevará a reinos inexistentes ni bajará a tierras sobre pobladas.
Sencillamente se quedará ahí.
Quieta y mirando como mis cenizas se las lleva la lluvia, gota a gota las introduce en la tierra y, finalmente, son lo que siempre debieron ser…

26/03/1997

1 comentario:

Anónimo dijo...

definitivamente desde hoy lo que opino de cada una de las cosas que escribes en tu blog ...te las dire personalmente.....salen buenas conversaciones de eso...y creeme que esta vez..hablo en serio
besos