domingo, 19 de agosto de 2007

Pitu


Tu siempre supiste que junto con el Benja y el Ghünter fueron lejos mis amigos mas cercanos y queridos de la cuadra.
Es raro pensar que nos conocemos hace tanto que ya ni recuerdo la primera vez que hueviamos juntos..es raro pensar en todas las cosas que vivimos juntos, en todas las cosas que nos contamos, en todos los copetes que nos tomamos en nuestras casas....todas las promos y cachos que nos jugamos...las veces que quedábamos botados de la risa y el alcohol...todas las cagadas de pendejos que nos mandamos y por la que los viejos de la cuadra nos odiaban.
Es raro. Pero lejos lo mas extraño es saber que no te voy a ver nunca mas.
Saber que tu risa, tus tallas y tus “awuou” no me van a acompañar nunca mas en la vida...

Aun así me considero afortunado, tuve la suerte de estar contigo y el Benja hasta el último momento...fuimos los únicos con Ghünter que pudimos ver al Benja...y nunca lo vas a saber...pero en tú última noche pude estar solo contigo por mucho rato...ya no vale la pena repetir todas las cosas que te dije en ese momento...ya no vale repetir todas las palabras de cariño que te expresé, cuando sólo me atrevía a tomar tu mano...que era lo único que los cables dejaban libre, ya no vale la pena repetir las súplicas (quizá las únicas que he hecho en mi puta orgullosa vida) para que te salvaras... porque ya te moriste.

Al igual que el Benja, nos abandonaste, no por tú culpa ni queriéndolo así... pero el sabor amargo que queda en nuestras bocas es el mismo... saber que los mosqueteros, que los jóvenes piscoleros no van a estar nunca mas juntos es duro.
Ver los lugares, recordar los momentos, aprender de las experiencias que tuvimos juntos...todo eso, ver que jamás se va a repetir, saber que nos son mas que recuerdos en la mente de los que los sobrevivimos ...todo eso da pena. Mucha pena.

La noche en que dormí (casi nada) en la clínica, cuando me levanté y me fui a la casa para bañarme, en ese momento pensé que quizá si había esperanzas, que en algún lugar tu subconsciente había escuchado todas las plegarias de las innumerables personas que te fueron a ver y estaban a tu lado...todo fue una mentira... tan sólo una hora después recibí la llamada que no quería escuchar por segunda vez en menos de una semana.

Partir nuevamente a la clínica donde ya había estado mas de cinco veces en menos de tres días, donde dormí en un sillón al lado de tu familia y tus amigos mas cercanos, fue esta vez mas difícil que nunca. Porque sabía que iba a ser mi última visita...y la última vez que te viera. La sangre que doné por ti fue mucho más que la bolsa que se llevaron... en realidad la hemorragia de Ghünter y mía duró todo este largo tiempo...perdimos sangre, lágrimas y sudor....pero más que todo eso, perdimos a las dos personas que más queríamos desde chicos... a las dos personas con que formamos un grupo sumamente unido y que ya nunca va a ser igual.
Te perdimos a ti y al Benja. Y todo lo demás se puede recuperar...todo el agotamiento, el hambre y el sueño de estos días sanarán. Pero la herida que nos dejan abierta tardará en cerrar un tiempo que ni siquiera me atrevo a imaginar...quizá nunca sane.
Lo único que jamás podremos recuperar, es lo que más nos importaba... eran ustedes dos... y nos dejaron para siempre.
Me han dado lejos la peor semana de mi vida. Nunca pensé que podía llegar a llorar y sufrir tanto en tan poco tiempo, hueones, me regalaron las peores vacaciones que voy a recordar en toda mi vida.
Pero, por sobre todo eso, me dejaron los recuerdos más hermosamente maravillosos de mi infancia: me regalaron los momentos mas felices que he tenido alguna vez con amigos en mi vida. Me dejaron enseñanzas, cariño, amistad, comprensión y ejemplos que atesoraré por siempre en mi corazón. Por todo eso les doy las gracias, gracias por haberme dejado estar a su lado hasta el final.
Los quiero mucho.

Matías Oyarce
14/09/1982-17/08/2002

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Emocionantes tus palabras pobleteman. Solo puedo decir que cuando te veo a ti, veo al Pitu y al Benja...y que estar contigo y reir y todo eso...es reconfortante. Aparte que hasta el momento nos caemos bien jajajaja.
Saludos compadre.

Anónimo dijo...

Qué feliz me ha hecho leer esto que has escrito con tanta honestidad Cristían Poblete. De verdad que es admirable tu valentía al exponer un dolor tan personal a la vista de todos. Y de un modo tan sutíl e inofensivo. Quizás yo debería hacer lo mismo, y aunque no lo he hecho intencionalmente como tú, tengo la sospecha de que lo he venido haciendo de una u otra manera desde que ellos murieron. Me explico: tengo la sensación de que el dolor y la pérdida de estos amigos ha sido tan grande, tan incomensurable que ya hace bastante tiempo que dejó de ser "algo". ¿No sé si te pasa eso? Blindados contra ese dolor, sin embargo se repite una y otra vez a lo largo de los años. Su intensidad cesa pero su maginitud y su envergadura aumentan de un modo grotesco y brutal. Lejos de ser meramente "algo" (un recuerdo doloroso entre otros) se asemeja mucho más a algo así como una nueva articulación del cuerpo, que no habíamos descubierto hasta que ellos murieron pero que ahora no hemos en verdad cesado de usar. Está ahí y no se va, pero tampoco aparece; la usamos, nos extendemos por ella y nos recogemos en ella y por ella, y a veces sin embargo, después de un esfuerzo, es algo "contable". Tan desgarradoramente contable. Es una confesión dolorosa... una historia que sigo contando, incluso a las personas que no conozco, es como si me cuidara de exponerlos a ellos antes, tal como tú haces aquí, para luego extenderme y recogerme con ellos y desde ellos también. Esto no es algo conciente y tampoco algo que tenga lugar en el mundo. De ahí gana, de hecho, toda su fuerza. En todo caso, estas palabras, son siempre, y por eso mismo una distancia; esbozan una distancia que ya no es transitable - no por defecto, sino por exceso; es como una tierra firme, un lugar indivisible, un espacio absoluto, que al ser recorrido en la palabra proporciona esa distancia única por medio de la cual nos enteramos en qué lugar permanecen ellos y en qué lugar permanecemos nosotros.
De verdad te agredezco el coraja de maneternlos vivos aquí para saber cuán terriblemente cerca están nuestros amigos de nosotros, no en las posibilidades ruines que nos esperan, no, tampoco, en las fatalidades de la vida, sino aquí y ahora, en esta vida, en su extensión completa e íntegra.