martes, 31 de diciembre de 2013

Sí, La Soledad




   Emiliano Concha fue un profesor de música del Instituto Nacional.
   Fue porque lleva fallecido ya varios años.
   Fue también quién me colocó la primera (de muchas) anotación negativa en ese colegio, por pegarle una chuleta a un compañero (Giuliano Tognarelli....el Toña) cuando estaba dando una prueba de flauta.
   Ahora que recuerdo la situación me da un poco de risa y vergüenza el hecho pues es bastante infantil.

   Emiliano Concha fue el autor también de una canción llamada “Sí, La Soledad”.
   Una tonada sencilla más destinada a familiarizarte con las tres notas de la escala musical que cualquier cosa.

Si-la-sol sol-la sol-la-si si-la-sol-la-si-la-sol-la si-si-si-si la-la-la-la sol es como iba.

   Últimamente se me repite mucho la canción en la cabeza.
   La soledad está siendo un tema importante para mi en estos días.
   Toda mi vida he sido bastante solitario. Solía pensar en mi como en el protagonista del Túnel de Sabato, en el cual por las ventanas a veces se asomaban personas, pero al fin y al cabo el camino recorrido por el túnel era siempre solitario.

   Eso hasta que llegó la mujer de mi vida, de quién he escrito varias veces antes, siempre cosas felices y esperanzadoras.
   Hasta hoy.

   Es difícil estar tanto tiempo acompañado y volver a estar solo. Se te agrandan los espacios. Se te agolpan los recuerdos. Todo significa algo.
   Creo en este proceso que, en general, he avanzado.

   Por lo menos en el hecho de que veo las cosas con un prisma totalmente distinto al de los primeros días:

   Razono ya que, habiendo hechos más violentos y mediáticos dentro de la ruptura, estos no son los más importantes si no una tajada bastante pequeña de la torta de responsabilidades compartidas.
   Quedo tranquilo también con el hecho de que, a pesar de compartir tremendamente la culpa de las causas de nuestra separación, no tengo nada que reprocharme acerca de que este proyecto no se haya salvado. Sencillamente para que eso se pueda lograr tiene que haber dos, y yo sólo puedo manejar los factores que dependen de mi.
   Cosa que efectivamente hice.
   No cae dentro de mi lógica de pensamiento el no querer, sabiendo que hubo años maravillosos en que se alcanzó la perfección, sabiendo que el periodo de tiempo bueno supera con creces al malo, salvar lo que una vez juramos construir y proteger.

   Pero el hecho es que me encuentro realmente solo por primera vez.

   Que no se me malentienda. Absolutamente solo no estoy. Mi familia y mis amigos han sido un bastión fundamental para mi estos meses.
   Y, por supuesto, mi maravillosa hija, leitmotiv de mi vida en este momento.

   Me refiero a la soledad después de haber encontrado a tú complemento. A la sensación de pérdida que sólo puedes tener cuando has conocido el otro lado feliz de la moneda.
   No es lo mismo vivir toda tú vida solo, y que esto sea tu estadío normal, al haber estado acompañado y quedarte solo. La triste soledad del amor no correspondido.

   El aprender a vivir solo y en soledad son procesos complicados:
   He descubierto que es fácil perderse cuando no tienes nadie que te controle o que haga de cable a tierra.
   He descubierto que la madurez es un concepto relativo y de múltiples facetas. Que uno puede ser muy maduro para algunas cosas, pero un cabro chico para otras.

   No sé si eso es completamente malo....en el fondo hay algunas inocencias que me he negado conscientemente a perder, ciertas normas moralizantes que nunca he querido que me afecten prejuiciosamente. Entre esas esta el no perder la fe en la gente. El no odiar. El no juzgar.
   El vivir siempre desde la opción de que todo se puede olvidar y arreglar si se tienen las ganas.

   Es difícil, pero se puede. Es sólo cosa de tiempo. Un tiempo que ahora, estando solo, se hace sumamente relativo: todo esto que ha pasado han sido sólo un par de meses...pero ha sido a la vez una eternidad.

   No sé en realidad qué es lo que se viene más adelante. Conversaba con una amiga que quiero tiempo para hacer cosas al aire libre, que quiero desconectarme para estar más con mi pincoyita y conmigo mismo.
   Me metí violentamente al sistema y siento que el no saber parar o apreciar los pequeños detalles en el fondo tiene mucha culpa de todo lo que ha ocurrido. Qué cometí los mismos errores que muchas veces he reprochado en aquellos que quiero: la impersonalidad, el materialismo, el cariño proveedor pero no el proveedor de cariño.

   Le decía que lo bueno de estar en el hoyo es que ya no se puede caer mucho más. Qué no queda más que respirar profundo, ubicarse espacialmente y dirigirte hacia donde quieres ir.
   Hoy que termina este año, sería sumamente fácil decir “ha sido un pésimo año” o “uno de los peores de mi vida”. Pero sería pisarme la cola en el razonamiento de más arriba: para evaluar algo no sólo podemos fijarnos en lo malo.
   La relación construida y en construcción que tengo con mi hija es maravillosa.
   He descubierto que todas esas pequeñas acciones realizadas con desinterés y en base a una filosofía de vida, finalmente si tuvieron recompensa en la gente que ha estado incondicionalmente a mi lado.
   He redescubierto una vida con mis familiares que difícilmente podría haber tenido bajo otras circunstancias, principalmente por ceguera propia.

   Si algo he aprendido es que así como un título no hace el conocimiento y así como una firma en un papel no hace un compromiso (si no las ganas de construirlo, respetarlo y resguardarlo), el paso de un día a otro no hace un año bueno o dejar atrás un año “malo”: un año bueno se construye con cambios de actitud, con cambios en uno mismo, y a eso es a lo que me he abocado estos últimos meses.

   Como siempre, y ha sido a lo largo de todo este blog, están invitados desde el anonimato a presenciar a donde lleva esta nueva etapa.
   Saben donde vivo. Saben como ubicarme.
   Ahora pretendo tener tiempo para todos.
   Sobre todo para nosotros dos pincoyita.

   Sean felices.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Emiliano...todo un señor...
A fines day yo éxito!! Pedazo de disco.
En el nacional despiertas al observar las úlceras del alma.
Saludos!
Generación 2001